Guiarnos por las apariencias hace que definamos a las personas por su imagen, cuando en realidad, las personas se definen por sus actos y por quiénes realmente somos.
Nunca podemos definir y menos juzgar a una persona por la ropa que lleva, las bandas que escucha o en general las aficiones que tiene.
A una persona la definen aspectos como la generosidad, el trabajo, el trato a los demás, el respeto a sí mismo, etc.
Su identidad verdadera se muestra en cómo actúa en su vida diaria.
Solo cuando sepamos cómo es y cómo actúa podremos tener una impresión acertada de quién es.


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